Hoy comienzan los velorios de San Antonio que darán paso a la celebración más representativa de del estado Lara: el Tamunangue. La fecha fue ocasión para la declaración de esta manifestación como Patrimonio Cultural de la Nación, pero ¿Qué es esto? ¿Cuáles son sus implicaciones?
¿De qué va la declaratoria del Tamunangue como Patrimonio Cultural?
¿Qué cambia la declaratoria?
La declaratoria es obligación prioritaria para el Estado y la ciudadanía. Las leyes establecen la corresponsabilidad entre Estado y Sociedad para la identificación, preservación, rehabilitación, salvaguarda y consolidación del patrimonio cultural de la República Bolivariana de Venezuela.
En la Práctica los efectos son pocos, pues ni la ley de cultura ni la ley de Patrimonio Cultural establecen los mecanismos concretos con los que se llevarán a cabo los procesos de defensa, protección, etc. Así que no se traducirá en más y mejores presupuestos o nuevos centros de investigación, o presencia en medios de comunicación o en escuelas públicas del país. Quizá sí tenga un impacto relativo en la presencia de la manifestación en los centros culturales públicos y privados que generen a su vez interés en elaborar materiales audiovisual para la difusión. Más allá de eso es poco lo que podemos esperar realmente de esta declaratoria.
Siendo honestos, los gobiernos venezolanos no se han sentido especialmente obligado por la ley a cumplir sus compromisos, muchos menos en lo tocante a la promoción de manifestaciones culturales.
¿Es pura propaganda la declaratoria?
No. Los asuntos culturales no solo se tratan de “cosas” también se trata de nuestra relación con ellas. Una declaratoria también hace la función de distinción honorífica. Muchas de las personas vinculadas a la manifestación la han cultivado por amor propio, por convicción, la declaratoria es una obligación de reconocer al menos simbólicamente lo que en la práctica es el trabajo minucioso, sistemático y callado de muchos venezolanos. Es por tanto la afirmación de que lo que somos como país lo vamos labrando en los detalles. No están demás.
Ahora bien ¿De qué hay que “defender” al Tamunangue?
Bueno, la cosa es compleja. Vivimos en un país dirigido por un gobierno con muchas “seguridades”, poseedor de demasiadas “verdades”. Hace años creíamos en identidades sólidas, bien definidas por nuestras fronteras nacionales y veíamos en cada vecino, en cada propaganda, en cada libro extranjero, en cada disco, un potencial agresor de nuestra “identidad”. Creíamos que podíamos ser influenciados –con o sin intención- al extremo de desvincularnos de lo más constitutivo de nuestra identidad para abrazar otros estilos de vida. Se trata de una postura que no reconoce la complejidad de ser persona, pero tampoco las condiciones de la vida moderna y sus interconexiones. Esta visión prevalece, en nuestras leyes y en nuestra -pasada de moda- concepción de cultura, pero hay que decir que no somos los únicos.
Pero ciertamente hay tradiciones extintas ¿No necesitan ser defendidas para que no mueran?
¿Es lo que sucede en el caso del Tamunangue?
No es un absoluto, ni se da en un instante. Tampoco depende de una persona o grupo élite. Estamos en una etapa –al menos eso creo- de cambio, de apertura de flexibilización de la manifestación. Hay tendencias que apuestan a un falso tradicionalismo purista, pero también hay quienes defienden una relación más espontánea que incorpore sin complejos nuevos elementos propios de nuestro actual estilo de vida. No se trata de una competencia con ganadores y perdedores, se trata de un proceso de ajuste gradual.
Será en último término la comunidad tamunanguera la que vea con buenos ojos la incorporación o desincorporación de sentido que sufre la manifestación. De la misma manera que se redondean las piedras del río se va consolidando la manifestación hasta que por necesidad comienza a generar un nuevo proceso de cambio.
¿Habrá entonces Tamunangue para rato?
Con el favor de Dios y San Antonio, sumado a una razonable actuación estatal en la definición de políticas culturales que recojan la complejidad de lo que somos en este mundo que nos ha tocado vivir.
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